sábado, 31 de mayo de 2014

Rechazo [Suga x JungKook] [BTS]



Había perdido la cuenta de la cantidad de suspiros que había soltado en el lapso de una hora, aunque hacía más de una hora que yacía encerrado en ese estrecho, húmedo y oscuro lugar: El armario del conserje.

Se supone que solo iría a buscar una escoba y regresaría al salón de clases para así terminar con su día de limpieza como era correspondido y podría regresar a casa donde comería, realizaría sus tareas, tomaría una ducha y jugaría videojuegos.


Pero no.



Dios todo poderoso quiso ser injusto con él y alguien había hecho la maldad de encerrarlo. Aunque era de esperarse, sabía que sus compañeros en general le harían maldades hasta que llegara a graduarse, más nunca imagino que harían cosas como esas.


Un nuevo suspiro salió de sus labios y miró por la pequeña ventana que era completamente opaca, haciendo inútil el intentar mirar al exterior. Oscuridad. Ya había anochecido. En su hogar nadie se daría cuenta de su ausencia, no tenía “amigos” en quienes confiar, por lo que dudaba que alguien estuviera buscando por él.


Se sentó en el suelo y finalmente, abrazó sus rodillas contra su pecho, ocultando su rostro entre ellas. Mordió su labio inferior conteniendo ese sollozo que amenazaba con salir de su boca, con sus lágrimas no pudo hacer nada, ellas ya corrían por sus mejillas.


Nadie lo buscaría.


Nadie notaría su ausencia.


Nadie sabía que existía.


Sus manos se aferraron a la tela de su camisa, se tensó por completo, nadie vendría, estaba solo, sin nadie a su lado…


–Así que… Aquí estabas Kook.– El hilo de sus pensamientos se rompió. Su rostro mostraba esa sorpresa que hizo que contuviera la respiración sin darse cuenta. No fue una pregunta, fue una afirmación y es que ahí, agitado, sudado y con una expresión de pocos amigos, se encontraba Min Yoon Gi o mejor conocido como Suga. El joven parecía como si él…


–Te estaba buscando.– Los ojos del pequeño se abrieron un poco más de lo normal. Sus lágrimas habían cesado, sus mejillas seguían húmedas por ellas, pero a la vez, un tono rosado las adornaba. Su corazón no debía estar alegre, debía estar molesto e indignado, que estuviera en esa situación era su culpa.


–Buscándome…– Repitió el pequeño, bajando su mirada tras saborear la palabra antes dicha, como si no lo creyera.


–Vamos Kook, que me he escapado para poder buscarte.– Estaba por levantar su rostro, nuevamente se había perdido en sus pensamientos, pero no tuvo que moverse mucho ya que sin darse cuenta, ese chico que era mayor, estaba a su lado, ayudándolo a levantarse. Esa mirada de superioridad y burla había desaparecido, mostrando una mirada más… ¿Humana?


–¿Por qué?– Preguntó con un suave tartamudeo, poco usual en él. –Esto… Esto es…–


–¿Mi culpa?– Y esa sonrisa tan arrogante hacía acto de presencia de nuevo. –Si no me hubieras rechazado frente a todo el instituto, no estarías pasando por esto, pequeño Kookie.–


Los colores no tardaron en subir a su rostro y aunque su piel era de un color “dorado”, era visible su vergüenza. Debía dejar de perderse en su mundo.


–T-Tú so-solo…–


–¿Juego con los chicos?– En ese momento no sabía si es que Suga leía la mente o él era demasiado obvio. Suga, ante la inocente y perdida mirada de JungKook, sonrió sin poder evitarlo y acorralo al joven contra la pared, posando sus brazos a cada lado del cuerpo del menor y apoyar parte de su peso sobre él, impidiendo que escapara. –Oh pequeño Kookie, tú no sabes lo que causas en mi.– Comentó con esa sonrisa tan suya en sus labios.


JungKook, quería escapar. Cerró sus ojos y con toda su fuerza, empujó al mayor, logrando

apartarlo un poco y así aprovechar para escapar.


·

·

·


El pequeño llegó a su aula de clases, como era de esperarse, estaba completamente solo. Tomó sus cosas y salió corriendo.


Las calles estaban desiertas, el frío era abrumador, tanta era su prisa, que olvido su abrigo en su taquilla. Su camino a casa sería largo por más que frotara repetidas veces de sus manos, estás seguían heladas y ni efectuar la idea de pensar en un lugar cálido, no funcionaba. Miró hacia el frente y en un parpadeo, algo cayó sobre su cabeza. Parpadeó repetidas veces y al quitar la prenda, un olor masculino, seductor y un poco familiar, llegó a él por medio de esa prenda.


Pronto el abrigo fue arrebatado de sus manos y colocado en sus hombros, girando a su derecha para observar que ahí estaba, una vez más, Suga.


–Eres bastante torpe, Kookie, no quiero que enfermes.– Dijo Suga tras abrazar al menor por la espalda, haciendo que se tensara y el mayor sonriera victorioso.


–Basta.– JungKook seguía tartamudeando, poniéndose nervioso. Min jugaba sucio. No era tonto, gustaba del chico, pero de aceptar sus sentimientos, sufriría aún más de lo que había sufrido ese día. Por eso debía escapar, por eso debía alejarse, esconderse hasta que todo pasara. No quería problemas, solo una vida tranquila.


–¿De qué huyes, JungKook?– Saboreó y disfrutó el pronunciar su nombre, giró al chico entre sus brazos, cambiando esa expresión juguetona a una más seria. –¿No entiendes que hablo en serio? – Interrogó el mayor, quería ver a los ojos del joven y saber si realmente lo odiaba tanto como parecía.


–Te conozco. –


–No, no lo haces.– Respondió al instante. Nadie lo hacía, nadie conocía esos sentimientos que tan bien había guardado. Desde el primer día en que lo vio, sintió ese algo especial que se dice sentir por otro ser vivo, pero no podía hablar, no podía expresarse, no por miedo a sí mismo, si no por miedo a lo que los otros podían hacerle. Él era popular, estaba consciente de eso, por eso las chicas siempre lo rodeaban y buscaban hablar con él, tal vez por eso Jungkook tenía una imagen equivocada de él.


Unos brazos lo rodearon, eso hizo que regresara a la realidad, que olvidara ese instante en que lo vio reír y divertirse con J-Hope, eso había sido el factor necesario para ser abierto por primera vez y confesar sus sentimientos, para ser rechazado sin chistar.


–Ponte en mi lugar cuando me rechaces.– Habló el mayor con una sonrisa ladina en sus labios, acariciando de esa suave mejilla que parecía querer sonrojarse.


JungKook por otro lado, había dejado de luchar contra la razón, se rendía, no entendía, simplemente no entendía.


No era popular, ni una persona de grandes gustos para ser interesante, ni que decir de su físico. Pero ahí tenía, al chico más popular, persiguiéndolo, al punto de acosarlo de esa manera, no podía negarse más.


–Ponte en mi lugar cuando me amenacen.– Respondió él con timidez y es que ya podía imaginarse la cantidad de ataques que tendría cuando el instituto se enterara.


Suga sonrió provocativamente, negó con su cabeza mientras chasqueaba su lengua. –Nadie va a tocarte Kookie, solo yo.– Y con esa provocativa respuesta, la sorpresa en el rostro del menor, el joven Min, aprisiono sus labios contra los del menor, en ese primer beso, de muchos.

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